Geezer Butler (Black Sabbath) está escribiendo su biografía con “peleas a cuchillo” y “cubos de cocaína»

Pablo Baule

El legendario bajista de Black Sabbath contará las historias más salvajes de su vida como músico

Tal y como indica LouderSound, el legendario bajista de Black Sabbath, Geezer Butler, está escribiendo su biografía, en la que no escatimará en detalles a la hora de contar las historias más salvajes de su recorrido como músico.

“Comencé a escribir el libro porque, cuando se murieron mis padres, hubiera deseado que les hubiera preguntado muchas más cosas de las que sabía sobre ellos”, admite el músico en una entrevista con Cleveland.com. “No sé demasiado sobre mi padre y mi madre, porque siempre estaban ahí. Así que empecé a escribir estas memorias para que las puedan leer mis nietos, y he estado volviendo sobre algunas cosas divertidas, los viejos tiempos creciendo en Birmingham y todo aquello. Estoy haciendo eso justo ahora”.

Nacido en Aston, Birmingham el 17 de julio de 1949, su nombre completo es Terence Michael Joseph Butler. Creció en una familia católica de ascendencia irlandesa y disfruto de “una infancia llena de aventuras”, tal y como le dijo a Metal Hammer en 2019.

“Birmingham sufrió muchos bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, así que, a principios lo los ’50, aún había muchos edificios que habían sido bombardeados. Teníamos cartilla de racionamiento, solo podías conseguir la comida que el Gobierno te permitía adquirir, pero no conocía nada distinto, así que mi infancia estuvo llena de aventuras. Tenía refugios antiaéreos y edificios destruidos en los que jugar, era genial para estimular la imaginación”.

“Aston era un lugar para inmigrantes. Mi escuela era irlandesa y católica, y todos los niños a los que conocía eran escoceses, irlandeses o indios, en el caso de mis vecinos. Ni siquiera conocí a nadie de Birmingham hasta que fui a la secundaria”.

En una entrevista con Classic Rock, también de 2019, Butler admitió que, creciendo, pensaba que su padre estaba metido en el IRA, grupo terrorista irlandés, y desveló que, a lo largo de su juventud, estuvo involucrado en más de una pelea a cuchillo.

“Me encontré la pistola de mi padre bajo el horno un día, y mi familia siempre cantaba canciones irlandesas: Kevin Barry, The Rising Of The Moon, toda esa clase de cosas. Así que, simplemente, sumé dos u dos y pensé que estaba metido en el IRA. Sin embargo, resultó que se había hecho con la pistola durante la Segunda Guerra Mundial cuando se encargaba de custodiar un refugio”.

“Nunca salía de casa sin mi navaja”, admitió el bajista. “Aston era un sitio duro. Si andabas por ahí, lo mejor era estar armado. Estuve en un par de peleas a cuchillo, nada serio. Sobre todo eran para asustar. Te metías en un callejón, sacabas el cuchillo, gritabas un poco, y eso era todo. ¡No me convertía en El Zorro!”.

Aunque no sabemos si estas anécdotas formarán parte de su libro, es posible que estas y muchas otras se encuentren entre sus páginas. Una de las mejores, sin duda, es la que contó a Cleveland.com, en la que narró su punto de vista del día en el que Ozzy Osbourne, sin querer, pulsó el botón que no debía y mandó a la policía a la mansión que Black Sabbath tenía en Bel Air, provocando que la banda tuviera que apresurarse en deshacerse de sus drogas, aunque tenían cantidades ingentes de las mismas. Cabe destacar que de esta anécdota salió la canción “It’s a Raid”, que cantan Post Malone y el mismo Príncipe de las Tinieblas.

“Teníamos cubos enteros de cocaína. Recuerdo que había una enorme ensaladera llena en la mitad de la mesa, llena de droga. Un día Ozzy se dio cuenta de que había un botón bajo una de las ventadas. No dejaban de tocarlo diciendo: ‘¿Me pregunto que hace esto?’. Cuando nos quisimos dar cuenta, apareció la policía, resulta que era el botón del pánico. Y ahí estábamos nosotros con una enrome ensaladera llena de cocaína entre medias. Así que la tiramos toda por el retrete, corrimos arriba y nos deshicimos de nuestros propios alijos. Los policías dieron: ‘¿Cuál es el problema?’. Y nosotros: ‘Oh, ninguno’. Y ellos: ‘Okey, hasta luego’. Y habíamos tirado cinco gramos de cocaína y tirado de la cadena”.

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